La Cábala hebrea ofrece una perspectiva radicalmente distinta sobre Satán, desmontando la imagen popular de un contrapoder maligno que lucha contra Dios. Esta idea es incompatible con el monoteísmo, ya que un Satán tan poderoso negaría la omnipotencia divina.

La revelación central es que, para la Cábala, Satán es un enviado divino con una función específica y temporal. Tanto su existencia como la del mal son necesarias, pero están destinadas a desaparecer en la Era Mesiánica.

La Función de Satán: Desafío y Aprendizaje

El rol de Satán es, paradójicamente, positivo: desafiarte para que no caigas en su trampa. El mal funciona como un método de aprendizaje para que la humanidad se perfeccione y elija constantemente el bien.

El nombre «Satán» proviene del hebreo Satá, que significa «el que intenta desviarte de tu camino». La paradoja es fascinante:

  • Si eliges el bien y no te desvías, Satán se regocija.
  • Si eliges el mal, Satán se entristece.

Aunque superficialmente su rol es negativo (desafiar con el mal), su objetivo final es el cumplimiento del propósito divino del bien. Es, en esencia, un entrenador que nos pone a prueba continuamente.

La Naturaleza del Mal: Corto Plazo y Finitud

El concepto de pecado se define como errar al tiro o errar al blanco. La función de Satán es ser la energía que intenta desviarnos de esa rectitud.

La Cábala enseña que la inteligencia racional (Biná) por sí sola no puede vencer al mal. Debe estar siempre en equilibrio con la sabiduría (Jojmá), que ofrece la visión a largo plazo. Esto se debe a un defecto estructural del mal: siempre opera con objetivos de corto plazo.

El bien prevalece porque está conectado con lo infinito, mientras que el mal solo se alimenta de lo finito. El mal será derrotado no por ser intrínsecamente «más malo», sino simplemente por su naturaleza finita. Solo tiene la capacidad de destruir lo ya construido, nada más.

Clipot: Las Cáscaras de Energía Desviada

El mal en la Cábala se aborda con el concepto de Clipot (plural de Clipá), traducido como «cáscara».

Una Clipá es una energía desviada y encapsulada en una «cáscara». Si esta energía se liberara sin control, desviaría a la persona con su intensidad. El ejemplo de la cáscara de banana ilustra que la energía no es inherentemente buena o mala; lo que es crucial es su posición. La Clipá es una energía que es mejor que permanezca contenida por el momento.

Rectificar una posición «satánica» o una Clipá exige ser consciente de cómo modular la energía en las dimensiones del alma, un trabajo que se realiza a través del estudio del Árbol de la Vida.

El Entrenamiento Diario y la Distribución de Energía

Satán tiene acceso a cualquiera de las 10 dimensiones del alma, pues el desvío puede ocurrir en cualquiera de ellas. El desafío humano fundamental es lograr la distribución correcta de las energías en la vida (trabajo, pareja, familia, etc.).

El Satán aparece como una advertencia cuando fallamos en esta distribución, señalando que un tipo de energía está situada incorrectamente. El obstáculo se repite hasta que se realiza la rectificación (Tikún) y se aprende la lección. Si no hay fisuras, Satán no puede entrar en lo que está unido.

Advertencia sobre la Demonología

La Cábala es cautelosa con la demonología, instando a ser prudentes con el término «endemoniado». Hoy, esta etiqueta se usa a menudo para tildar a quienes piensan libremente o se oponen a dogmas. Un líder religioso que juzga y carece de amor al prójimo se comporta, en sí mismo, como un demonio.

El foco cabalístico está en la conciencia y la Clipá, no en la obsesión por los demonios. El desequilibrio es una condición humana, y el obstáculo (el Satán) es, irónicamente, la referencia de que estamos en el camino.