La comunicación con los espíritus es un fenómeno que trasciende culturas, siendo una realidad universal avalada incluso por referencias bíblicas, como el contacto de la nigromante con el alma del profeta Samuel ante el rey Saúl. Para los maestros cabalistas (mecubalim), interactuar con las almas del «otro lado» es algo habitual, y gran parte de su conocimiento, afirman, proviene de seres espirituales o ángeles (Maguid).

La Cábala redefine la figura del ángel (Malaj) no como un ser alado, sino como una energía, información o conocimiento que busca manifestarse. El universo se convierte así en una revelación constante de datos. El término hebreo Malaj (mensajero) se asocia con Melajá (trabajo), lo que implica que aquellos que transmiten un mensaje espiritual, como médiums o maestros cabalistas, están cumpliendo un trabajo divino. La forma más elevada de revelación ocurre cuando el cabalista alcanza el bitul (anulación del yo), permitiendo que una energía cósmica hable a través de él.

Las almas del más allá poseen una ventaja fundamental: su plano de existencia altera el tiempo y el espacio, mezclando futuro y pasado. Esto les permite adelantarnos información crucial que, desde nuestro presente continuo, no podemos percibir. Esta comunicación se manifiesta de diversas maneras: a través de sueños y apariciones de familiares, por medio de aromas y fragancias que identifican a espíritus específicos (el Zóhar menciona el «olor del Paraíso»), y mediante voces audibles o telepáticas. El texto aconseja, con humor, que si se escuchan voces, es mejor consultar a cabalistas que a psiquiatras.

El principal obstáculo actual para esta conexión no es la falta de revelación, sino la represión del racionalismo materialista. Este enfoque ha impuesto un miedo a la intuición, a los sueños y a las experiencias trascendentes, limitando el acceso a información vital. Peor aún, muchas religiones institucionales han «cerrado el canon de la revelación», negando que Dios se siga comunicando. Este es un mecanismo de control dogmático; si las personas supieran que pueden conectarse con lo divino sin intermediarios, se volverían espiritualmente libres, un peligro para cualquier estructura de poder.

Para recibir y comprender esta información infinita, es crucial ensanchar el «vaso» (Cli), es decir, aumentar la capacidad de recepción a través del trabajo y las buenas obras personales. Además, la mente racional, enfocada en la inmediatez, no puede decodificar inmediatamente los mensajes del otro lado, por lo que se requiere paciencia, ya que la información puede ser relevante meses o años después. El mal no puede destruir la energía, solo la materia, razón por la cual las almas envían información constante para contribuir al Tikun Olam (redención del mundo). Incluso, un secreto cabalístico postula que un alma puede morir para ser más útil desde el más allá. Finalmente, el propósito de toda revelación debe ser el crecimiento personal y la redención, no la mera experimentación, y se advierte a los padres que no deben asustar a los niños que perciben espíritus, sino tranquilizarlos validando su experiencia.