Sumergirse en los secretos cósmicos de la Cábala nos lleva hoy a una intensa sesión de entrenamiento emocional, enfocada en la dimensión de Guevurá. Esta dimensión, que significa «fortaleza», puede convertirnos en un «agujero negro de ira y frustración» si está descontrolada, o dotarnos de una fuerza de superhéroe si es bien manejada.

El Arte de la Fortaleza y el Autocontrol

Guevurá toma su nombre del hebreo guibor (fuerte), pero la definición bíblica de fuerza no reside en lo físico. La pregunta sagrada es: «¿Quién es fuerte?», y la respuesta: «es fuerte el que se domina a sí mismo». Por ello, Guevurá es la dimensión del autocontrol emocional y el límite. Funciona como el freno de mano que nos impide acelerar sin dirección.

La Cobardía de Decir «Sí» a Todo

La Cábala desenmascara la tendencia social a evitar decir «no» como una verdadera cobardía. Muchas personas, por «empatía desequilibrada» o miedo a ofender, se comprometen en actividades que no desean. En la vida, decir «sí» compromete, mientras que decir «no» libera. La incapacidad de poner límites es agotadora y oculta una sutil soberbia, la creencia imposible de «poder cumplir con todo el mundo». Decir que no es un acto de honestidad y autocontrol, reconociendo nuestros límites de tiempo, capacidad e interés.

Jerarquizar para Tener Sentido

Guevurá está íntimamente ligada al sentido de nuestra vida. La física nos enseña que, para ser efectivos, debemos concentrar la luz en un punto, lo que implica limitar todo lo demás. Si tenemos claro el propósito de nuestra alma, sabremos a qué debemos decirle «no». Quienes se sienten desorganizados y realizan «muchas cosas, pero no hacen nada» están desequilibrados en Guevurá, invirtiendo tiempo en asuntos secundarios y diciendo «sí» a la pérdida de tiempo.

La Ira: Fracaso de la Comunicación Acumulada

La ira, que tiene mala prensa por ser un descontrol emocional, esconde un secreto: es casi siempre la consecuencia de la acumulación de lo no comunicado. Al guardarnos y autojustificarnos («hoy lo dejo pasar»), esa energía retenida explota en forma iracunda, transformando el problema en un ataque personal. La Cábala es tajante: la ira es un desequilibrio. La solución reside en el diálogo y en no permitir que se acumulen elementos que nos incomodan. Lo único «bueno» de la ira es la conciencia de su existencia y la oportunidad de corregirla.

Paz Interior y la Aceptación de la Imperfección

El desequilibrio de Guevurá a nivel social se manifiesta en la violencia. Nuestro trabajo de autocontrol se vuelve crucial para no contribuir a la agresión. El ser humano no es un «reloj suizo»; la búsqueda de un equilibrio perfecto y permanente sería un aburrimiento, pues la imperfección es nuestro potencial de crecimiento. La paz interior se alcanza al detectar y corregir rápidamente los desequilibrios, con compasión por nuestra propia imperfección y la de los demás. En esencia, ser fuerte no es golpear, sino dominarse a sí mismo, y el límite es la puerta a una vida con sentido.