Históricamente, la civilización occidental cometió el error de separar radicalmente el estudio de la meditación. El intelecto puro, o mente racional, a menudo se ha desviado hacia el refuerzo del ego o hacia la «especulación abstracta desconectada de la realidad». Este juego de abstracción, ejemplificado por los sofistas griegos o el pilpul judío (debate sin conclusión), generó una desconfianza hacia la razón, que llegó a ser vista como algo antinatural. En esencia, la mente se quedó absorta en el mapa, olvidando el territorio.

La Cábala, en cambio, se define por su pragmatismo. Su principio fundamental es: «¿Esto para qué sirve? ¿Cuál es el sentido práctico?». Para ella, el estudio jamás debe estar desvinculado de la realidad; la interpretación intelectual de un texto debe conducir a una transformación práctica y material.

La Razón como Acto Revelatorio

El punto crucial es que la interpretación y la revelación son inseparables. No solo existe la contemplación intuitiva (la apertura del conocimiento); también existe la contemplación racional, que es la interpretación del texto, y esta siempre debe llevar a la meditación.

Incluso figuras como Einstein y el matemático Gödel reconocieron que las estructuras y fórmulas racionales nacen de ideas previamente iluminadas por la meditación y la contemplación. Primero llega el descubrimiento intuitivo, y luego se busca la fórmula para formalizar esa intuición. Por lo tanto, el estudio profundo y comprometido es, en sí mismo, un acto de meditación: es hacer que la enseñanza sea «carne», involucrándose por completo para que la información fluya.

La Doble Trampa del Desequilibrio

El texto advierte sobre dos grandes trampas modernas que impiden la correcta unión entre meditación y estudio:

  1. La Ignorancia Atrevida (Esoterismo Descontrolado): Existe una «exacerbación» de lo intuitivo en detrimento de la razón. Muchas personas «canalizan», pero usan esta práctica para encubrir la falta de conocimiento y esfuerzo intelectual. La Cábala exige que toda canalización se acompañe de un compromiso intelectual, de lectura y escritura, para dotar a la información de categorías conceptuales. Canalizar sin estructura es «aberrante», ya que la transmisión es deficiente y puede provocar un desequilibrio psíquico peligroso debido a la superficialidad.
  2. El Dogmatismo Excesivo (Interpretación Cerrada): El otro peligro es adoptar un estilo de vida basado en una interpretación particular, rígida o dogmática de las enseñanzas. Los preceptos no pueden imponerse sin más a la vida moderna, sino que deben adaptarse al contexto social.

Ambos riesgos constituyen una estrategia de desequilibrio: o bien se ofrecen cáscaras vacías (palabrería o humo), o bien se encierra a la persona en un dogma que anula el crecimiento.

Vasijas, Flexibilidad y Autoengaño

Para evolucionar, debemos ser como una «vasija llena que se vacía», no una vasija vacía que solo desea llenarse. Una transmisión sin estructura solo entrega cáscaras al receptor. El camino exige flexibilidad (similar al concepto kabbalístico de Biná), disfrutando del crecimiento continuo a medida que la vasija se expande. Sin embargo, se requiere una vigilancia constante, pues el autoengaño es una parte intrínseca del camino si no observamos cómo el bien y el mal se mezclan.

El mensaje es claro: Sé profundo, sé responsable, estudia, estructura tus ideas, ¡y permite que tu intelecto se una a tu alma!