La Cábala propone una revolucionaria reinterpretación del Mal, alejándose del dualismo de dos fuerzas celestiales en pugna. En esta visión, solo existe un Director de Orquesta divino que utiliza todos los elementos, incluida la discordia, para sus fines.


I. El Mal como Herramienta del Monismo Divino

La Cábala insta a desechar la idea de un Dios puramente «bondadoso». Tal concepción, ante la existencia del mal, genera un problema teológico que puede llevar al desamparo o el ateísmo, al percibir el mal como algo no creado o incontrolado por Él.

El texto bíblico, según el profeta Isaías («formó la luz y creó las tinieblas, hago la paz y creó el mal, yo soy Dios que hace todo esto»), es la base para entender que Dios es responsable de la existencia del mal.

Al concebir a Dios como una unidad que no es intrínsecamente «buena» ni «mala», sino simplemente Dios, la existencia del mal adquiere una función intrínseca.


II. La Serpiente: Agente Divino del Conocimiento

La criatura conocida como el nahash (la serpiente, masculina en hebreo) no se creó a sí misma; es un animal creado por la divinidad para representar el mal.

El mal estaba en la estructura del Cosmos, pero la intervención de la serpiente, al ofrecer el fruto (sugerido como La Vid, no la manzana), introdujo un cambio trascendental, no solo la perdición.

El árbol prohibido era el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Por lo tanto, la serpiente no es condenada; introdujo un 50% de bien (la conciencia y el conocimiento) que Adán y Eva desconocían. La serpiente es vista como un instrumento divino, no un ente ajeno o rebelde.


III. El Edén: Del Limbo al Sentido

La Cábala invierte el concepto tradicional del Jardín del Edén. Antes de la expulsión, la vida no era el paraíso, sino un limbo de sinsentido.

Adán y Eva (Adam y Jav) no realizaban actividades con mérito (no estudiaban, no trabajaban, no procreaban). Recibían todo gratuitamente, lo que en Cábala se denomina el pan de la vergüenza; no había mérito en su existencia. Eran como «marionetas» inactivas.

La intervención de la serpiente «empezó la fiesta», mostrando la posibilidad de un mundo con conciencia. La expulsión les obligó a trabajar, transformar y crear. En este giro narrativo, la vida adquiere sentido.


IV. La Función Temporal y Luminosa del Mal

El mal existe porque cumple una función temporal orientada al bien: el crecimiento de la conciencia.

El mal actúa como un obstáculo. La superación de este obstáculo es lo que permite el ascenso a un nuevo nivel de conciencia.

Por ello, el mal en la Cábala es llamado «Luz Oscura»: la oscuridad está al servicio de la luz. Esto conecta con la tradición que nombra a Satán Lucifer (Ángel de Luz), cuyo rol es trabajar con la oscuridad para que la luz pueda ser vista.

Aceptar la existencia de un ángel «insurgente» fuera del control de Dios (un dualismo) rompe el concepto de monoteísmo y la omnipotencia divina. En el monismo cabalístico, Dios dirige a Satán para su función.

La conclusión es ver el mal desde la unidad raíz: todo mal viene para un bien mayor. Es una exigencia divina para que el ser humano crezca y obtenga su mérito.