El Deseo Infinito: La Energía Estructural y la Trampa del Consumo Material

Si sientes que tu vida es un constante «quiero, quiero, quiero», la Cábala te ofrece una perspectiva transformadora: esa necesidad es el motor fundamental del cosmos, pero requiere una correcta calibración.

I. El Fundamento del Universo: El Deseo Puro

El Zóhar, texto central de la Cábala, establece que el deseo es la energía estructural que impulsa la acción, la creatividad y el propósito en la existencia. El universo está diseñado como un gran Recipiente (o Cli en hebreo) que busca recibir energía. De esta necesidad receptiva surge el binomio esencial de la Creación:

  1. Deseo de Recibir (Potencia Femenina): La necesidad receptiva manifestada en el universo.
  2. Deseo de Dar (Potencia Masculina): La energía que emana del Infinito (fuera del universo).

Nuestra vida es, por lo tanto, un flujo constante de intercambio (dar y recibir) en todas sus formas.

II. La Calibración del Deseo

Contrario a las ideologías que satanizan el deseo, la Cábala afirma que este es intrínsecamente bueno y esencial. El verdadero problema no es desear, sino la mala administración de ese deseo. Desear bienestar, incluso material como una casa mejor, es válido y es un reconocimiento de la realidad.

La Trampa del Deseo Infinito: El corto circuito de la sociedad moderna radica en que el ser humano posee un deseo infinito, pero lo dirige hacia un lugar equivocado: el consumo material («el infinito del consumo»). Proyectar un anhelo sin límites hacia algo que posee límites (la materia) solo conduce a la desesperación.

La solución es redireccionar ese deseo infinito hacia el crecimiento interior, la meditación, la lectura, y cualquier proceso que se alinee con la infinitud.

III. El Arte del Vaciado y la Infinitud del Dar

La clave del crecimiento y la plenitud no reside en cuánto recibes, sino en cuánto das. Aunque somos limitados en nuestra capacidad de recepción (finitos), el simple acto de dar inmediatamente libera nuestra capacidad para recibir de nuevo.

Si recibes «uno» y lo das a gran velocidad, te conviertes en un instrumento de paso de energía, esencialmente infinito. La infinitud se alcanza a través del dar, pues este acto te vacía de lo que has recibido, restableciendo tu capacidad de recepción.

El ego desequilibrado se manifiesta como una retención de lo recibido, impidiendo el «vaciado» y saturando a la persona. Mucha gente se paraliza porque confunde el estar «lleno» con el objetivo de la vida, anclando su identidad a lo que ha recibido.

IV. Destrucción Creativa e Identidad Flexible

Vaciarte requiere un proceso de destrucción creativa y un cambio profundo de identidad. Para fluir con la realidad, que es inherentemente dinámica y veloz, nuestra conciencia debe ser flexible, moviéndose rápidamente entre el dar y el recibir, sin caer en la parálisis o la ansiedad.

El estado de existencia más elevado se logra cuando, en el flujo del compartir, ya no hay distinción entre quién da y quién recibe.

El cabalista Ginsburg advierte que, en el momento en que una persona se define con un «Yo soy», corta la dinámica del movimiento. La sabiduría, por lo tanto, reside en fluir con la realidad sin la constante necesidad de preguntar «¿Quién soy?» o «¿Dónde estoy?».